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Sábado, 19 de mayo de 2012

Acción Social

“Trabajar con Vicente Ferrer era un orgullo”

Meritxell Fandiño
23:46h Miércoles, 27 de octubre de 2010
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La FVF se instaló en la ciudad condal en 1996 y lo hizo en una pequeña oficina. Actualmente ocupa casi la totalidad de un bloque en el ensanche barcelonés. Su labor en nuestro país se ha extendido al mismo ritmo que lo hizo la de Vicente Ferrer en la India. Prueba de ello es la campaña para la concesión del Premio Nobel de la Paz, cuya paloma representativa llegó a concentrar casi 326.000 firmas. Lancy Dodem, primer apadrinado de la Fundación y portavoz de comunicación de la misma, nos cuenta hoy un poco más sobre los increíbles logros del filántropo y sobre cómo influenció en su vida, instándolo a dedicarla a luchar por los derechos humanos y el bienestar en su India natal.

  • “En India el pasado es pasado y es presente, pero de una forma distinta”
  • “La gente de España es más humilde, más cercana, más de sentir”

A Lancy Dodem ya le gusta Qdiario / Foto: Qdiario

Ficha Técnica
Nombre: Lancy Dodem

Edad: 30 años.

Lugar de nacimiento: Anantapur (India).

Breve biografía: Este joven tiene el honor de poder decir que fue el primer niño apadrinado por Vicente Ferrer. Haber nacido y crecido al lado de alguien que dedicó su vida a los demás le ha empeñado a hacer lo mismo con la suya, siempre vinculado a las labores de la Fundación Vicente Ferrer en su lugar de origen. Ahora, y desde el año 2001, trabaja en las oficinas que la ONG tiene en el centro de Barcelona. Es el portavoz del Departamento de Comunicación y realiza tareas de sensibilización, además de representar al organismo en múltiples actos públicos.

La Fundación Vicente Ferrer ha trabajado desde siempre en la región de Anantapur. ¿Por qué ésta y no otra?
En el año 1969, cuando Vicente Ferrer estaba en el norte de la India, tuvo problemas con los políticos del estado de Maharashtra, que le invitaron a marcharse del país. Pasados unos meses, Indira Gandhi le escribió una carta diciéndole que ya podía volver, pero él ya jamás regresaría al norte.

El Ministro del Estado de Andhra Pradesh le invitó a que fuera a trabajar allí. Al llegar a Hyderabad, la capital de la región, todos los periodistas querían saber dónde trabajaría. Les preguntó cual era la zona más necesitada y le dijeron que Anantapur, porque es una zona seca. Es, después de Rajahstan, la segunda zona más seca de la India, y le dijeron que pronto se podía convertir en un desierto.

¿Por qué se quedó? Porque la pobreza no es sólo llegar, solucionar e irse. Tienes que quedarte para resolver las cosas a largo plazo. Eso es lo que está haciendo ahora la Fundación: enseñar a pescar y no sólo dar de comer e irse.

¿Cuál es el efecto de la presencia de Occidente en las grandes ciudades indias?
India tiene dos caras: la India moderna y la India pobre. En la moderna podéis ver edificios de lujo, como aquí, y rascacielos. La gente gasta mucho dinero en construcción, y eso va bien para el trabajo. Mucha gente emigra a las grandes ciudades y, cuando llegan, los colocan en la construcción. Y sí, es verdad que tienen trabajo, pero no es bueno trabajar más de ocho horas y ganar un euro, la mitad si eres mujer. El día que las empresas empiecen a pagar por su trabajo, la pobreza terminará poco a poco. La gente sólo quiere cubrir las tres necesidades básicas: comida, ropa y techo.

Tras algunas violaciones de los derechos humanos a menudo están la tradición y la religión, dos poderosos conceptos. ¿Han entorpecido la labor de la Fundación? ¿Han tenido algún problema?
Al principio la Fundación tuvo problemas, pero ya no. La gente en la India son los pobres, las castas, las religiones, los intocables, los esclavos, los inocentes, los ignorantes… Para romper con todo esto necesitas una herramienta, y esa herramienta es la educación. A principios de los años 70 la gente no entendía los cambios, pero ahora sí. Una persona de casta alta, por ejemplo, viene a la Fundación y nos pide que vayamos a su pueblo a trabajar con los intocables. Ese es el cambio que hemos conseguido.

Explícanos un poco quienes son ‘los intocables’.
La sociedad india está dividida en cuatro castas y fuera de éstas quedan aquellos considerados indignos. Sólo pueden trabajar limpiando lavabos, quitando la basura… Cuando alguien muere, son ellos los que tienen que llevar el cuerpo hasta el cementerio. Esta gente ni tiene casta, ni puede entrar en el sistema de castas. Se les llama dalits, que significa ‘intocables’.

Los intocables no tienen derecho a vivir dentro del pueblo, tienen que vivir fuera. No tienen derecho a estudiar. No pueden mirar a las personas de castas altas, ni la sombra de ellos pueden tocar porque son impuros de alma. Esto, que durante siglos y siglos ha existido, fue abolido en 1950 por el gobierno. Lo que pasa en India es que el pasado es pasado y es presente, pero de una forma distinta.


El primer niño apadrinado por Vicente Ferrer / Foto: Qdiario

Escapar del infierno no es tan fácil
El principal problema de Anantapur, tal y como explica Lancy, es la pobreza. Los intocables viven en los campos y pueblos, en cabañas de unos 4m2. Cuando llueve, les entra el agua en casa; y cuando no, les entran bichos. Muchos niños mueren por picaduras de serpiente.

Las mujeres no tienen ningún derecho y se perciben como una carga, y los discapacitados se consideran aún peores que los intocables. Por si eso fuera poco, el entorno es desértico y seco. “Para salvar al hombre, hay que salvar su tierra”, afirma Lancy. Y para ello la Fundación ha construido embalses y pozos. También ha enseñado a la población local a plantar cultivos distintos al cacahuete, tradicional de la zona, para asegurarse más de una cosecha anual.

Se han construido escuelas para niños, mujeres e intocables; además de hospitales y centros específicos para tratar enfermedades como el sida. También se han creado grupos de mujeres a las que se les asigna una cantidad de dinero para que monten su pequeño negocio. En total, ya son 56.000 empresarias.

Se han puesto en marcha centros para discapacitados y, sobre todo, talleres para chicas con esta problemática, muchas de ellas de entre 13 y 15 años. “Si ya ser una mujer es una carga, nacer con una discapacidad es peor”, cuenta Lancy. Ahora estas chicas pueden ir a un centro de artesanía en el que aprenden un trabajo manual. Todos los productos que elaboran se venden luego en las tres tiendas que la FVF tiene en España. El dinero retorna íntegramente a Anantapur y se invierte en los centros de discapacitados.

Durante todos estos años, además, se han construido 135.000 casas para los intocables“Para tener una vida digna hay que tener una casa digna”, dice lancy. Y poco a poco todos los habitantes de Anantapur van camino de conseguir ambas cosas.

¿Cómo llegó Vicente Ferrer al país? ¿Cómo recuerda usted el primer contacto con él?
Cuando Vicente vino a Anantapur, mi padre fue uno de los primeros en trabajar con él. Era su chofer personal y mi madre era su cocinera. He nacido en su casa y crecido en su casa, es quien me ha ayudado en mis estudios y en todo. Yo fui el primer niño apadrinado de Vicente Ferrer.

Lo que yo sentía cuando era pequeño… Mira, a Vicente en la India le llaman “father” y a Anna Ferrer la llaman sister. Father, sister… Son blancos. La gente sabía que estaban aquí, en Anantapur, ayudando a los pobres, y yo vivía con ellos. Estaba muy orgulloso. Cuando ya fui mayor empecé a trabajar en la Fundación, porque no me planteé jamás trabajar en otro sitio. Yo no podía emprender grandes proyectos, ni ayudar a grandes personas, pero sí que podía ayudar a Vicente Ferrer. Trabajar con él ya era un orgullo y una satisfacción.

Me acuerdo de que, cuando éramos pequeños, íbamos a buscar caramelos porque él llevaba siempre en su bolsillo. Un día unos padrinos vinieron a visitar los proyectos y a conocer a sus niños y le preguntaron: “¿Por qué reparte caramelos?”. Él dijo: “esto no son caramelos, es mi amor”. Ahí aprendí que el caramelo era el amor que estaba repartiendo. Hoy en día Vicente Ferrer ya se ha ganado el corazón de miles de personas, en la India y en España.

Aprovechamos para preguntarle… ¿cómo influenció en la Fundación la campaña para la concesión del Nobel de la Paz?
El Nobel lo tendremos o no, pero hemos visto una progresión muy buena. Mucha gente valora la Fundación y cree que ella y Vicente lo merecen. Pero, más que el premio, el amor y el cariño de la gente es suficiente. Saber que la gente estará aquí para apoyarnos.

Por otra parte, el premio nos hubiera ayudado a abrir puertas en otros países. Hasta ahora la mayoría de ayudas las recibimos de España, pero no es suficiente porque la Fundación quiere llegar a toda la India. Ahora ya estamos trabajando en el distrito de Kurnool, vecino de Anantapur. Puede que tardemos generaciones hasta llegar a todo el país, pero hay que ir haciendo.

La evolución de la región fue paralela a su crecimiento y madurez. ¿Cómo percibió el proceso?
Ahora se ve a la gente más alegre porque tiene una seguridad: la de tener la Fundación al lado. Si no estuviera la Fundación, seguramente Anantapur hubiera desaparecido. El distrito sin embalses se hubiera convertido en desierto y mucha gente hubiera emigrado. Ahora Anantapur –capital- casi es una ciudad. Tiene hospitales, colegios, estación de tren y de autobuses, y mucha gente está viniendo.

Y la Fundación ha cambiado muchísimo desde que España empezó a colaborar. Antes recibíamos ayuda a través de otras ONG que se comprometían por cierto tiempo y después se iban. Desde que Vicente abrió en el 1996 su primer despacho aquí en España, hemos crecido muchísimo.

Trabaja en la sede de la FVF en Barcelona / Foto: Qdiario

¿Es fácil sensibilizar a la ciudadana española?
La gente de España es más humilde, más cercana, más de sentir. Y es muy importante sentir el dolor del otro. Muchas personas que vienen a la Fundación a ver los proyectos sienten. Por ejemplo, cuando un padrino va a ver a su niño apadrinado se fija en las cosas. Que vive en una cabaña, que no tiene cama, que no hay sábanas… Y al salir se siente mal. Cuando vuelve a casa quiere hacer algo por la Fundación para que este niño, su familia y su pueblo mejoren. Y eso es lo importante. No conozco cómo son en otros países, pero la gente en España es muy solidaria.

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